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artículo escrito por RAMON
RAMON
18-06-2026
  • Sin categoría
Parar

Cuando nos fijamos en los anuncios publicitarios de las compañías farmacéuticas que nos intentan vender, sus analgésicos, es fácil darse cuenta de la principal idea en la que se centran, su eslogan: “Que el dolor no te haga parar”.

Tengamos en cuenta que estas compañías no son ONG dedicadas altruistamente a buscar el bienestar de la sociedad. No. Son empresas como cualquier otra cuyo fin último de su existencia no es otro que “maximizar beneficios y minimizar pérdidas”, como reza la máxima esencial de la economía capitalista. Y el historial de las compañías farmacéuticas dista mucho de un comportamiento filantrópico y ni tan siquiera ético.

Como me comentaba un profesor de meditación, “El dolor es un mensajero que únicamente cobra cuando entrega el paquete. Primero llama al timbre, luego golpea la puerta, luego da gritos y si se le sigue sin atender termina por quemar la casa”.

Lamentablemente la tendencia es a no atenderle. Anestesiarse. Ahí está parte del negocio de las farmacéuticas. Primero paracetamol, luego Ibuprofeno y Enantyum. Luego ya el Diazepam, y todos los ansiolíticos, antidepresivos e Hipnóticos. La cosa es no enterarse. ¡Somos líderes mundiales en consumo de ansiolíticos, y terceros de Europa en antidepresivos y punteros en hipnóticos!

Los datos son dramáticos y reflejo de una sociedad que pasa por encima de sí misma.

Todos sin excepción somos prescindibles para esta sociedad productivista. Nada para y si ya no puedes más se pone a otra persona que crea que va a poder hacerlo. Incluido el jefe. Siempre habrá otro con fantasías de grandeza y ansia por ocupar ese puesto. Más, más, más,

Eso no sucede únicamente en el trabajo, ya que lo hemos llevado a todos los ámbitos de la vida. No queremos las vacaciones y el descanso para “reconectar”, sino para desconectar. Olvidarnos lo que hacemos siempre y para ello hacemos un sin fin de cosas: Visitamos, ciudades, museos, parques, determinadas playas, lugares a donde acudimos todos para hacer las mismas cosas. Hacer, hacer, hacer. Intentamos retener el momento sacando un sin fin de fotografías que nunca volveremos a ver para así pasar a lo siguiente. Siguiente que ya estaba en nuestra mente (y nuestro organismo) mientras hacíamos lo anterior limitando o impidiendo la vivencia de cada momento, Sin sentir la tonalidad de los colores, la brisa del aire, los pies en el suelo, la propia respiración, la compañía de la persona que está a nuestro lado. No se puede atrapar el momento si no nos detenemos, igual que de nada sirve desconectar si no reconectamos, aunque quizá la pregunta sea si alguna vez hemos estado conectados. A nosotros mismos. A nuestro propio organismo, nuestras propias emociones y sentimientos.

Estímulos, estímulos, estímulos, hacer, hacer, hacer.  El organismo del ser humano lleva unos 250000 años en este planeta y prácticamente no ha cambiado nada (si hay partes que se atrofian si no se utilizan, también la capacidad de autoconciencia) y este organismo no está preparado para las condiciones actuales de vida. Así que nos vamos apoyando en toda la farmacología (hay mucho dinero en juego) y en las plataformas de TV que con sus series nos permiten “vivir” esas vidas que nunca llegaremos a vivir, (ni tenemos porqué hacerlo, en vez de VIVIR la nuestra. Además, nos evitan la insoportable sensación de no saber que hacer con nosotros mismos y con la/s personas que tenemos a nuestro lado. “¿Otro capitulito?”. Venga va luego la pastilla de turno y a la cama, que mañana hay que seguir.

Imaginemos u momento que conducimos un coche por cualquier carretera. Imaginemos que conducimos a gran velocidad. Llevamos muchísima prisa porque tenemos muchas cosas que hacer y mientras intentamos llegar a nuestra próxima meta ya estamos pensando en la siguiente y en la siguiente. Esto hace primero que tomemos riesgos en nuestra conducción, luego que nuestro organismo se mantenga en una situación de alerta y estrés prolongado disparando los niveles de cortisol y adrenalina, lo que lleva a ese organismo a toda una serie de consecuencias: aumento el riego sanguíneo y la tensión arterial, hiperventilación, etc, etc, Y obviamente no me va a permitir estar al tanto de las señales que me den los sensores de mi coche, Niveles de aceite, gasolina, temperatura, presión de las ruedas, y lo que es peor no me voy a enterar de los lugares por los que estoy pasando porque toda mi atención tiene que estar en conducir rápido añadiendo las tres tareas siguientes, así que no me entero de si es bonito, feo, o medio. Ni de los paisajes externos ni mucho menos de los internos.

Así no escuchamos los mensajes de nuestro cuerpo, las señales de fatiga, de agotamiento, sin asumir nuestros propios límites y viviendo estos como un síntoma de debilidad, de no llegar a nos se que ideales de superhombres y supermujeres omnipotentes, con expectativas cada vez más elevadas y con el problema añadido de la normalización de este modo de funcionamiento.

Cuando uno se dedica a profesiones de ayuda es duro, pero tenemos que aprender a ver que muchas personas no están dispuestas a cambiar, a bajar de este tren que corre a gran velocidad hacia el precipicio, hacia la infelicidad e incluso hacia la muerte. Lo he visto. Recuerdo un alumno de Yoga, comercial de una multinacional de material para laboratorios y hospitales, en una ocasión me explicaba que tenía mucho estrés mientras se llevaba la mano al pecho. Había pagado el mes de mayo y solamente vino dos veces a clase. Me envió un mensaje en el que me decía que junio no podría asistir porque tenía muchos viajes de trabajo. A primeros de junio su amiga me enviaba un mensaje diciéndome que había fallecido de un paro cardíaco. El fin de semana había ido a ver a su madre a su ciudad de origen y tomando café con ella se fué. Era su destino.

Es nuestra responsabilidad cuidarnos y respetar nuestros propios límites, cubrir nuestras necesidades y seguir el camino de nuestra alma y eso pasa imperiosamente por parar. Y priorizar a SER sobre el HACER. Reconectar con el organismo que somos y únicamente desde ahí poder reconectar también de un modo más profundo y real con lo que nos rodea y con quien nos rodea Soltar exigencias del entorno y propias y darnos un espacio para ESTAR cada quien en SÍ. Vivir en el presente, en el aquí y ahora.

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