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Intentar dar una explicación que ayude a tener una visión clara sobre la depresión en un artículo es una labor imposible. La Depresión es una patología extraordinariamente compleja y con múltiples factores que la desencadenan, complican y mantienen, que se puede decir que hay tantos tipos de depresión como personas deprimidas. Hoy mismo aparece un artículo en un periódico sobre el mayor estudio hasta el momento con antidepresivos en el que se subraya la importancia de adaptar la prescripción a cada individuo. La farmacológica, la diagnóstica, el tratamiento psicológico, social, …
Los datos sobre la depresión son cuando menos alarmantes. Algunos estudios hablan de que en España la padece el 6.7 % de la población, pero otros mas recientes indican que el 29,8% tiene síntomas depresivos, 35% mujeres y 24,4% hombres. Es la segunda causa de baja laboral con lo que hay que sumar a el coste en la calidad de vida de las personas y de su circulo social, el ingente coste económico que representa. Difícil realmente de concretar este dato cuando el 50% está sin diagnosticar y cuando la mayoría de los diagnósticos vienen del médico de cabecera y no de un profesional.
En adolescentes la incidencia es del 3-8% (con tendencia al alza, hasta 13.2% en algunas cohortes recientes). Según Unicef España es el país europeo con peores datos en salud mental infanto-juvenil, con 1 de cada 5 menores con diagnóstico, siendo la depresión el principal problema. La tendencia es al alza. Según el informe Emo - Child 2025 el 54% de jóvenes reporta dificultades de estado de ánimo y el 28,5% moderado/severo.
Todo esto se complica aún mas cuando un 40% de los diagnosticados y en tratamiento, no responden a él, cuando se automedican, cuando abandonan el tratamiento sin control médico, cuando no hay un seguimiento de la evolución en el tiempo adecuado y con el tiempo del profesional adecuado, no 15 minutos. Las consecuencias son recaídas, ingresos en urgencias, tratamientos farmacológicos crónicos. Somos el tercer país europeo en consumo de antidepresivos, mientras que solamente el 30% de los medicados lo hace correctamente.
Para la gran mayoría de los diagnosticados este tratamiento farmacológico, será el único. No habrá otra ayuda.
Los antidepresivos en gran parte de los casos son una gran ayuda, un apoyo necesario pero no la solución. No se trata como una infección de garganta. Es necesario apoyo psicológico que permitan a la persona comprender las particularidades de su caso, para que poco a poco encuentre sus propios apoyos para afrontar la vida de manera significativa.
Otro aspecto a tener en cuenta cuando se habla de depresión es el tipo ce depresión. La más conocida es la depresión mayor, la de síntomas más graves y prolongados en el tiempo. También la Distimia que es una versión que se puede considerar más suave, la depresión postparto, la afectivo estacional, de duelo, trastorno adaptativo, todas ellas en grados de leve a grave y otra variable más que dificulta el diagnóstico y tratamiento, la comorbilidad con otras patologías; ansiedad, brotes psicóticos, Alzheimer, …
Todo esto nos lleva a un gran problema a la hora de encarar la Depresión y su abordaje terapéutico, el desconocimiento.
Lo cierto es que la depresión puede producir una devastación total en la vida de la persona que la padece. El sufrimiento puede parecer insoportable y sin duda lo es para esa persona.
Depresión no es simplemente tristeza, ni es un acto voluntario, ni tiene una única posible causa. La Depresión es una falta de vitalidad, de capacidad de disfrute y de deseo. Que esto se puede parecer a una tristeza profunda, sí, pero no es lo mismo. La depresión es una respuesta evolutiva que se puede convertir y se convierte en patológica. La persona deprimida está desvitalizada por diferentes causas. No es un acto de falta de voluntad, ni de debilidad. Y ahí entramos un una gran necesidad, la psicoeducación del entorno de la persona con Depresión. Es típico que el entorno ante el malestar que le produce la depresión de una persona cercana, madre, padre, pareja, hijos, comience a “presionar” de forma más o menos directa o indirecta a la persona deprimida, y esto solamente va a conseguir agravar el estado de esa persona al constatar ella su propia incapacidad y su incomprensión para afrontar su situación. Es precisamente la ausencia de posibilidad de movilizar su voluntad lo que le hace estar así y si su entorno se lo recuerda aún indirectamente, le está reforzando su sentir. Es como apagar fuego con gasolina. El entorno necesita conocer las características de esta patología y más concretamente las de la persona de su entorno para poder comprender y acompañar de un modo más funcional y humano a esa persona. Esto facilitará y recortará los tiempos del tratamiento y en caso de circunstancias crónicas, aliviará sufrimientos innecesarios tanto en el grupo, como en la propia persona. Le ayudará además a adherirse mejor al tratamiento tanto farmacológico como psicoterapéutico. En gran medida es la falta de escucha y comprensión tanto interna como externa la que han llevado a esta situación y es mayor escucha y comprensión serán siempre aspectos necesarios para su salida o su alivio.
Contar con el apoyo de los profesionales adecuados, Psicólogo y Psiquiatra es fundamental para poder afrontar esta dolencia.
